Servicio al viajero
Diario de Viaje
  La tierra de los secretos
Este, es un lugar que no es lo que parece y no parece tanto como esconde.
Aquí guardó el destino sorpresas durante más de 1.500 siglos para quienes han cruzado estos caminos buscando el Fin de la Tierra.
Durante todo este tiempo ésta tierra ha sido el penúltimo paso hacia una patria prometida que cierra al mar, el último huerto donde plantar los sueños, ya fueran caballos y ciervos en la bóveda de una caverna, ya fueran celtas con fraguas de cobre... o fenicios, romanos, gentes godas y tantos más que aquí encontraron un paisaje a la medida de su huida y de su esperanza.
Por aquí pasaron todos
No queremos entretener demasiado tiempo a un viajero ansioso por visitar y descubrir. Tan sólo apuntar brevemente que no hay paso por nuestra tierra que no salte alguna huella del tiempo, de las gentes o culturas que se han ido sucediendo en siglos no precisamente caracterizados por la quietud.
No son abundantes ni frecuentes las pistas prehistóricas leonesas. Las señas del Neolítico aun siendo escasas parecen claras y algunos historiadores mantienen que las primeras colonizaciones fueron llevadas a cabo por grupos fenicio-púnicos que entraron desde al Atlántico.
Diez siglos antes de llegar los romanos nuestra tierra está dividida en 2 zonas de influencia étnica: los celtas-galaicos (en algunas zonas bercianas) y los astures con sus 24 tribus o clanes que se han llegado a diferenciar. El geógrafo e historiador Estrabón, en el año 29 a.C., describe con minunciosidad las costumbres de aquellos recios y poco dóciles pobladores de la que se llamaría Astúrica, cuya capital es la actual Astorga. Cuenta que comían en corro , bebían cerveza y solo vino en algunas fiestas, hacían pan de bellotas, llevaban cabellos largos atados a la nuca, vestían pieles y se adiestraban en ejercicios gimnásticos (precedentes de los “aluches” o lucha leonesa), sus mujeres parían en el campo y tras el parto continuaban con sus labores o labranzas.
Dos siglos a.C. los romanos ya conocían nuestra provincia y fueron ellos quienes destruyeron el sistema astur y la cultura castreña. Después de los romanos llegó el Tiempo Bárbaro y más tarde el Florecimiento Medieval para dejar de lado la Edad Moderna hasta llegar al León Contemporáneo... pero estas son otras historias para otro momento.
Retrato geográfico
Este lugar, insistentemente visitado por la Historia, ajetreado y fecundo, no se decide por un paisaje concreto, los tiene todos.
Es tierra cantábrica a rabiar en todo su norte. Larga y profunda muralla de montaña brava. Por donde se pone el sol nacen tierras muy distintas, allí todo es Bierzo, pura huerta, monte de abrigo y buen sitio para que la melancolía gallega se ponga por fin alegre.
Al sur otras tierras dibujadas con horizontes de meseta para dejar tranquila y muy libre la vista. Sol y barro, llanuras abatidas bajo un sol demasiado grande.
Y más ... cabreras, páramos, riberas, oteros ... No esperes que te lo contemos todo, algo tendrás que descubrir. (Más información: León, qué ver)
El clima
A los rigores tópicos que la fama achaca a esta tierra, replica una realidad variada y sorprendente.

Si bien la temporada de heladas nocturnas puede extenderse de octubre a mayo, algunas zonas gozan de una suavidad atlántica en sus valles abrigados por los montes.

La transición del invierno al verano se hace algunos años sin prolongada pausa primaveral. La temporada de nieve últimamente se está adelantando a diciembre y comienza en serio en enero y febrero, así como el apogeo del verano se produce entre el 15 e julio y el 15 de agosto. (Más información: Ski)

Las temperaturas máximas de la ciudad de León superan raramente los 38º o los -15º. Los vientos soplan unos 135 días del noroeste y unos 100 del sureste, otros 135 son días de calma.
De cualquier forma, aún en pleno verano, nunca te sobrará una chaqueta de lana para las noches frescas en las que dormirás a pierna suelta, y un sombrero de paja para las mediodías.
Vida salvaje
La naturaleza es tan secreta a veces, que sólo en algunos laberintos de esta montaña leonesa resiste el oso en su extinción ibérica.

O el urogallo, algún quebrantahuesos, la nutria ... Los secretos de esta vida salvaje se guardan mejor en las alturas, en la soledad de la que huye el hombre.

Es la virtud de una tierra de orografía complicada y resistente a las invasiones. Es el refugio de la sorpresa que permite a un naturalista o a un curioso la localización de numerosas especies de plantas o el disfrute de la micología con ejemplares tan bellos como abundantes y sabrosos.
Una mención especial merece la riqueza de sus ríos, paraísos de pescadores que gozarán peleando con las famosas “pintonas”, truchas de montaña hermosas y escurridizas . Los cazadores nunca se irán de vacío si buscan jabalí, venado o corzos tanto como perdiz o codorniz. (Más información: Pesca)
Parajes naturales y bosques singulares
Encinares, hayedos, bosques de robles impenetrables, rebecos suicidas en una peña imposible, lobos, nutrias, azores y avutardas ... León es un espectáculo.
Como sus Picos de Europa que comparte con Asturias y Cantabria está considerado, junto con el Valle de Sajambre, Reserva Natural (Más información: la Montaña). Bosque de hayas, robledales, pastizales alpinos con majadas y chozos, torrentes y cascadas, acebales y fauna en abundacia. (Más información: Ruta del Cares)

Otra montaña, al norte del Bierzo, configura la zona de Ancares, Reserva Nacional de Caza, donde encontramos robledales, tejedos dispersos así como una intrincada red fluvial considerada la reserva de nutrias de toda la provincia. (Más información: Ancares)
También en la zona berciana, no muy lejos de Ponferrada encontramos una paradoja paisajística: las Médulas. Unas antiguas minas de oro a la luz del día compuestas por grutas, galerías, excavaciones y erosiones de sus montes que componen hoy un capricho declarado Monumento Nacional con profusión de bosquetes de castaños. (Más información: Las Médulas)

En el límite con las provincias de Orense y Zamora se encuentra la Baña, paraje declarado de Interés natural, se extiende por la Sierra de Peña Trevinca en torno al lago de la Baña con robledales relicarios y mucho monte bajo como hábitat ideal para especies como el corzo.
También nos sentimos orgullosos de nuestros bosques como el Bosque de Ormas, en las inmediaciones de Riaño. Robledales y acebales y hábitat de la escasa colonia de osos pardos.
El Bosque de Bécares, el mayor encinar autóctono de la provincia que comparte su extensión con Zamora y donde abunda el jabalí. El Bosque de Cofiñal, en la montaña de Lillo, alberga la única y espectacular colonia de pinos silvestres, autóctonos con masa de haya y roble y una fauna notable.
El arte y el tiempo

La historia escrita en piedra es otro de los privilegios de León. El viajero se pierde entre la marejada de estilos, vestigios y alardes. Intentar abarcar esta densidad monumental será un intento vano para quien venga de paso o con el tiempo metido en una maleta. Aquí os proponemos lo más destacado de la monumentalidad de la capital leonesa. (Más información: La Capital)

La Catedral nos inundará con un estallido de color que entra por los 1.600 metros cuadrados de vidrieras.

San Isidoro que se apoya literalmente en la vieja muralla.

San Marcos, uno de los alardes más impacientes del Plateresco Español.

El Palacio de los Guzmanes en el mismo centro de león es la sede principal de la Diputación de león.

Los Botines, una auténtica sorpresa de Antoni ... y el Barrio Húmedo para reponer fuerzas en nuestro recorrido.

La buena mesa
Esta tierra desconcierta porque se empeña en llevar la contraria a la fama y a los tópicos con que la visten ya sea en la frialdad de sus gentes, en la aspereza de su clima o en su “cazurrería”. En la mesa es donde nos llegan nuevas sorpresas.
En esto de comer los leones son bestiales y celestiales a la vez, porque son al mismo tiempo discípulos de la caza y del pote de brega y de conventos y filigranas de monjas. Cocina culta y artillería de matanzas. Del botillo a las mantecadas, de la cecina de castrón a las amarguillas de las benedictinas.

¿Y los pimientos? ... bravos, del Bierzo. ¿Y perdices, corderos, liebres y chorizos de corzo? también. ¿No habrá por casualidad, un cocido que se coma al revés, empezando por lo bueno y terminando por la sopa?. Pues lo hay, maragato para más señas. Seguiríamos nombrando hasta que nos dieran las tantas al amor de la lumbre y no llegaríamos a los vinos y los postres donde se aprecia la mano de tantos conventos que durante siglos hicieron huertas, pusieron cepas o transformaron harina, leche y huevos en pedazos de cielo.

Y así hasta no terminar la retahíla de alegrías que se mete el leonés entre el alma y el estómago. (Más información: Gastronomía)
Y, por supuesto, la fiesta
No hay aldea, por humilde y despoblada que parezca en la que no se explote el cohete del júbilo y salga a la calle el estandarte o el pendón. La mesa se cubre de mantel de gala para que todos vuelvan a casa y se sientan invitados.

Que nadie piense que en las alturas climáticas de esta tierra donde corre la leyenda de ciertas friuras climáticas y temperamentales no cabe la fiesta densa, la antigua o la nueva, bulliciosa, sorprendente a veces la sacrosanta en contraste con el esperpento más pagano y paradógico. Si León es tierra de contraste, en la fiesta no lo es menos.

Por caber, casi no caben las fiestas dobles de cada uno de los mil cuatrocientos pueblos que siembran en esta prodigiosa geografía, y en los que la tradición ordena festorro de guardar por un lado, y otra fiesta más doméstica, quizá sin mucha verbena, pero preñada de viejos sentimientos, perfiles arcaicos o notas propias que las pueden convertir en un viejo museo de la alegría secular. (Más información: Fiestas, ferias y eventos)